Generalmente, los equipos de aprendizaje cooperativo están formados por cuatro alumnos, máximo cinco. La composición de los equipos debe de ser heterogénea (en género, etnia, intereses, capacidades, motivación, rendimiento, autonomía…). En cierto modo, cada equipo debe reproducir las características de todo el grupo clase. En cuanto a la capacidad-rendimiento-autonomía-interés-motivación, se procura que un alumno o una alumna tenga un nivel alto en estos aspectos, con relación al colectivo, dos alumnos o alumnas, un nivel mediano, y otro alumno u otra alumna, un nivel más bajo.

Para asegurar la necesaria heterogeneidad, lo más habitual es que sea el equipo de docentes el que distribuya a los participantes en los diferentes equipos, teniendo en cuenta, por supuesto, sus preferencias y sus posibles incompatibilidades.

Para ello puede ser útil la información obtenida a través de un test sociométrico. Una fórmula más simple que el sociograma es preguntar a los participantes con qué tres compañeros o compañeras les gustaría trabajar en las sesiones del programa, con lo cual es posible identificar a los que han sido menos escogidos o a los que nadie ha elegido. En este caso, hay que pensar muy bien en qué equipo los ponemos, procurando que sea en alguno con alguien a quien él haya escogido y que esté dispuesto –debidamente orientado por el maestro o la maestra– a echarle una mano y ayudarlo a integrarse dentro del equipo.

Una manera habitual de proceder para formar los equipos de base es la siguiente: se distribuyen los alumnos del grupo clase en tres columnas. En la columna de un extremo se coloca una cuarta parte del alumnado, procurando colocar en esta columna a los que son más capaces de dar ayuda (no necesariamente los que tengan un rendimiento más alto, sino sobretodo los más motivados, los más capaces de ilusionar y animar a los demás). En la columna del otro extremo se coloca la cuarta parte de alumnos más «necesitados» de ayuda, los menos autónomos y los menos motivados. En la columna del centro se colocan las dos cuartas partes restantes (la otra mitad del grupo). Cada equipo se forma con un alumno o una alumna de la primera columna, dos de la columna del centro y uno de la tercera columna, procurando, además, que se dé un equilibrio en las demás variables: género, etnia, etc.

En este caso, el grupo queda distribuido en un determinado número de equipos de composición heterogénea, que es la más adecuada cuando se trata de aprender algo nuevo.

Sin embargo, esto no quiere decir que siempre que trabajen en equipo deban hacerlo en equipos de base. Esporádicamente, y para una finalidad muy concreta, como acabamos de decir, deben de tener la posibilidad de trabajar en equipos más homogéneos. De esta manera, sin dejar de tener como referencia a su equipo de base, la totalidad de los alumnos y alumnas de un grupo de clase tienen la oportunidad de trabajar con todos los compañeros y todas las compañeras de su grupo.

Con el tiempo, estos equipos de base se van organizando cada vez mejor y se van consolidando como equipos, de modo que deben llegar a ser el primer referente de los componentes de un grupo de clase.

Referencias bibliográficas:

  • Pujolás i Maset, P. (2008). 9 ideas clave: el aprendizaje cooperativo. Barcelona: Graó.
  • Pujolás i Maset, P. (2010). Aprender juntos alumnos diferentes: los equipos de aprendizaje cooperativo en el aula. Barcelona: Octaedro.